3 de noviembre de 2010

Creíste que no lo sabría

Cuando veas la luz sobre el cielo, sabrás que es por ti

Creíste que no sabría
pero estaba taciturno viendo el paso de los años por el mundo de los vivos.
Creíste que no sabría
cuando cerrabas los ojos y pedías un beso tierno que te llenara de sueños.
Creíste que no sabría
y no viste ya mis manos dibujando en tus mejillas una esperanza no en vano.
Creíste que no sabría
mas estuve ya inspirado por tu respiración lenta de música silenciosa.
Creíste que no sabría
conteniendo las rabietas en impulsos de un humano que se guarda los rugidos.
Creíste que no sabría
aspirando tu perfume en la oscuridad del valle donde escuchaba tus pasos.
Creíste que no sabría
durmiendo y sobresaltando los párpados tan ausentes de un planeta en agonía.
Creíste que no sabría
pero te amo más que a nada fuera o dentro de esta vida sin que gente ya lo sepa.
Creíste que no sabría
como cuando el solo abrazo me unía a ti desde lejos para cercanos quedarnos.
Creíste que no sabría
con las noches, frías, ocres, de belleza incomparable superadas por tu risa.
Creíste que no sabría
y qué bella la ignorancia, porque nos trajo a este punto donde no marcharnos nunca.
Creíste que no sabría...
Ahora ya lo sabes.

A ti, cuyo impulso es una tonelada de valor

3 de octubre de 2010

Bendiciones

El mismo aire que respiras mueve cada célula del Universo

Bendigo la tarde que nació en mayo, las nubes esporádicas y delgadas, el calor tímido antecediendo la puesta de sol.
Bendigo los minutos en la dulce espera, donde la incertidumbre no encuentra lugar, donde los lugares son ciertos.
Bendigo las letras compartidas, artífices de sonrisas, vuelcos en las entrañas, sueños completos y bellos.
Bendigo las preguntas y sus respuestas, su formulación melódica y la mayéutica adictiva.
Bendigo la melomanía de mutuas proporciones, las asociaciones con espacios y tiempos, condensadas en cada canción, cada sinfonía.
Bendigo el primer amanecer insomne, con ojos cerrados para omitir al mundo y sus sistemas; una mañana clara, una noche moribunda.
Bendigo cada beso, siendo el primero; el efecto del temblor en la Tierra, el estallido interno, la búsqueda del oasis dulce y tibio.
Bendigo los trayectos recorridos, las distancias cubiertas sobre la faz del planeta; cada ínsula y montaña, cada kilómetro sumado.
Bendigo la noche eterna y memorable, en el declive de un mes; la afirmación callada que otorgó longevidad, las manos entrelazadas para no perderse en la oscuridad.
Bendigo la primera vez que floreció en el silencio; la sujeción de nuestra piel iluminada por la luz de un amor que no conoce cantidades, sino proporciones.
Bendigo los momentos de prueba y tormenta, donde eres un fulgor que aclara el camino y disipa la neblina.
Bendigo los planes de toda una vida, en binomial conjunción de viajeros en instantes eternos.
Bendigo tu nombre, pequeño y fuerte, que es el pilar de las horas que transcurren con pausas de música y aromas dulces.
Bendigo las lágrimas fusionadas durante charlas sobre ser y estar, vivir y morir.
Bendigo nuestro amor, el único que existe, el que siempre estará en prevalencia diurna.
Bendigo a la vida por traerte hasta mí y llevarme hasta los brazos compasivos que a ti pertenecen.
Te bendigo, amada existencia, por existir.

A ti, rayo de luz, esperanza en la prueba, inspiración de siempre

28 de septiembre de 2010

Evidencias

Imposible negar la obviedad de tu existencia

Eres el agua que mitiga mi sed
Eres el aire que alimenta mis pulmones
Eres cada partícula de eternidad depositada sobre un mundo de mortales
Eres cada sílaba de las melodías compuestas en torno tuyo
Eres cada gota de silencio tranquilo en tardes abrumadoras
Eres cada caricia que antagoniza al dolor obsoleto
Eres cada argumento para razonar los motivos por los cuales vivir en tu compañía
Eres cada mañana en la luminosidad del sol
Eres una noche que nunca termina
Eres la sensación renovadora de los besos neonatos
Eres la musa que incentiva cada sinalefa, capítulo y partitura
Eres la valentía más dulce que he sentido
Eres el centro de la Tierra con un abrazo
Eres la verdad más notoria que conozco
Eres la paradoja platónica
Eres el silogismo más cierto
Eres un sintagma bello y único
Eres la sinapsis más perfecta
Eres el anhelo cumplido
Eres el sueño esculpido en suspiro
Eres la unidad más propia de la naturaleza
Eres la obra maestra del Omnipotente
Eres el amor de mi vida
Eres la única
Eres tú...

A ti, en cada palabra que pronuncias y renueva mi ser

20 de septiembre de 2010

Refúgiate en mí

Ven a mis brazos y derivemos por el océano de la vida

Refúgiate en mí cuando tengas frío; deja que mi calor te acompañe y derrita los copos cristalinos de nieve septentrional. Abrázate de mi piel, cortina de bronce y brillo anónimo, para que el aliento se recupere después de la faena preciosa que nos involucra en el cielo y la tierra.

Refúgiate en mí esta tarde; ya el sol se va apartando con el tímido aire fresco que de las montañas proviene. Dentro de poco sentirás que nada hará falta, que todo está de sobra. Sostente con fuerza, que la Tierra entera comenzará a rotar con una velocidad que de rápida no podrás percibir.

Refúgiate en mí cuando sueñes; cierra tus ojos oscuros y observa el reflejo de esta mirada que te añora cuando la ausencia acecha. Y se observas imágenes que no comprendes, ten la seguridad de que pronto se irán. Sólo espera al otro lado de la inconsciencia, que yo estaré con los brazos abiertos para recibirte.

Refúgiate en mí cuando tu mente se aclare; las ideas serán un remanso que busca tomarte por sorpresa. Permite que estas manos sostengan aquello que no es de ti, para arrojarlo al abismo que no tiene fin y hacerte más ligero. Tú sabes exactamente lo que eres; yo sólo me encargué de observar lo que nadie logró.

Refúgiate en mí si necesitas un segundo; entre nosotros no hay tiempo ni espacio. Somos una sola existencia que se va tejiendo mientras los segundos transcurren. En nuestra unión se nutren la libertad y el valor, con los que andamos en estas vidas que nos han sido conferidas.

Refúgiate en mí, pues no estás solo; en el mundo somos tú y yo. Nadie más amenaza esta esfera incólume que nos ha envuelto, con la tonalidad inconmensurable de proporciones colosales, de carmesí con ébano. El futuro aguarda pacientemente, pues el presente nos tiene presos.

Refúgiate en mí si ataca el silencio; deja que mis besos sean música y la sinfonía de este amor sin precedentes vaya construyendo su propia historia. Fluye con cada gota de vacío que va llenándose, pues ambos somos receptáculos que nunca se vacían, siempre rebosantes de cariño y beatitud.

Refúgiate en mí, dualidad insomne; duerme y reposa entre mis latidos. Deja que bese tu frente y acaricie tu cabello desaliñado. Que la energía se renueve entre nosotros, para nunca terminar, siendo principios de causas que tienen efecto sempiterno. El único efecto entre nosotros yace latente en las ideas y realidades.

Refúgiate en mí, amor; tal como yo lo hago en ti.

A ti, la verdad más obvia, la travesía más plácida, la vida más hermosa.

1 de septiembre de 2010

Aqua

Puedo fluir en cualquier entorno, gracias a tu amor

De pronto se oscurece el cielo. Y el océano entero parece evaporarse y unirse a las nubes del firmamento, en una ilusión de espejos y brillos lisos. Busco tu figura y parece que no existe, para mi desgracia y eterna congoja.

La mirada se me va en la noche que se prolonga por cientos de siglos. ¿Dónde están tus ojos de amanecer? ¿Dónde está tu cabello de cascadas míticas? ¿Dónde está la piel de fragancia sublime?

Ya ni siquiera pretendo vivir, porque me falta la mitad de cada segundo que continúa en la ausencia de oceánicas hazañas y noches iluminadas por una plata muy alta. Quisiera que aparecieras justo ahora, cuando la inercia se apodera de mis músculos y mueve estos huesos faltos de fuerza y vida.

Ya llegas con pasos lentos y la graciosa sonrisa que de ti es redundancia. Lentamente te acercas, sin decir palabra alguna, para extender tus brazos cálidos a mi presencia de vagabundo. Transparencia de lagos es el sentimiento que nos sintoniza en un silencio ameno, con los ojos cerrados al mundo.

En una burbuja tenemos suficiente aire para el resto de nuestras vidas, mientras todo se inunda de cariño, de paz, y subleva cada patrón existente para crear todo de nuevo. No puedo verte, pero siento cada latido tuyo, cada centígrado, cada fibra.

Ya no soy, sino que caigo y fluyo como un río que de pronto aparece en el aire y se desploma a tierra. En el suelo me arrastro sin inferioridad, yendo con lentitud hacia la primera fuente posible que me permita transitar.

Llego a un arroyo que tiene tu nombre. Con delicadeza me deslizo por un cauce tranquilo y lleno de vida. A mi paso hay juncos y lirios que bordean el camino que me va empujando. La muralla verde que construyen me impide observarte de nuevo, o al menos saber si tus pies merodean sigilosamente por aquí.

Me atrapa un río caudaloso y embravecido, que me abraza entre rocas y una marcha tan rápida que a duras penas me permite distinguir formas y líneas. De nuevo te has ido de mi vista y el perderte de pronto me hace sumergirme en una rabia que sólo tú conoces de palabra.

Quisiera ser más inmenso que el planeta entero, para encontrarte. A lo lejos veo el mar, pero siendo río hay algo que me detiene de unirme, de agigantarme. Se repite esa misma superficie lisa, como espejo, donde el cielo parece tener gravedad que lo ata al suelo. Mas no soy yo allí, no puedo seguir avanzando.

Y a mi razón limitada no llega la conciencia de que eres tú; el océano que ya ha tomado mi vértigo en su tranquilidad es el mismo cuyo nombre tenía inscrito el arroyo. Quisiera fundirme en ti, mar de silencio dulce. He aquí que soy de ti, aunque mi rapidez ya no existe y se va meciendo en el vaivén de olas que no erosionan, sino que construyen.

Y en tu lecho soñé que era agua...

A ti, ligera llovizna que a mi desierto trae la vida

27 de agosto de 2010

Yo también te amo

Una respuesta a tus palabras inspiradoras

Yo también te amo si despiertas
y cuando tus ojos brillan tanto.
Yo también aprecio horas inquietas
sobre todo si hay risas por llanto.

Yo también te amo cuando duermes
y respiras lento en el descanso.
Yo también te amo si te pierdes
y me encuentras vivo en un remanso.

Yo también te amo si en un beso
reavivas el centro de la Tierra.
O si en un abrazo tan estrecho
intercambias paz por una guerra.

Yo también te amo si me miras
y en el fondo ves de qué estoy hecho.
Yo también te amo porque inspiras
la facilidad de cada verso.

Yo también te amo cada día
aunque haya nublados o tormentas
porque en el silencio la alegría
llega del amor que hay en tus venas.

Yo también te amo en tus enojos
o en leves molestias cotidianas.
Yo también te amo en el arrojo
para ir por el riesgo de una hazaña.

Yo también te amo la distancia
que desaparece entre tus brazos.
Yo también te amo en la añoranza
y en la vida que das a cada paso.

A ti, porque motivos sobran para amarte

5 de agosto de 2010

De estaciones

Cada conjunción de frío, calor, viento y calma, sólo en un instante de ti

Vamos a sonreír de manera genuina, como lo hacen los que ven al mundo por vez primera. Sin ver, dibujaremos mutuamente cada rasgo de nuestro semblante, el desconcierto natural y el silencioso velo de curiosidad. Lloverá en la primavera de nuestras miradas, de cordilleras hechas de arcilla y rocas alejadas por el viento. Jamás se nublarán nuestras palabras, si bien nos hallamos a tientas por salones oscuros donde moran sombras. Ya florece un amanecer en lo profundo de nuestras almas, evaporando caudales cristalinos de agua dulce.

Tu sonrisa contenida será una chispa que enciende rayos perpendiculares al mundo. Los colores brillarán para denotar la belleza que el huerto hermoso de tulipanes guarda, justo donde vaga la paz eterna y
adictiva que de ti emana. Alcanzo a besar con lujo de detalle la planicie de respiración, el volcán sublime de sístole y diástole, el bosque de suavidad floral. Tengo de pronto un estremecimiento, y es entonces cuando me albergo en tu calor, sabiendo que te albergas en el mío. Danzamos en la cadencia preciosa, entonando un himno, nuestra plegaria y juramento.

Somos andantes de la inocencia, observando cómo caen una a una las frondas de un tiempo tan nuestro. Fieros, aunque inocuos, flotamos por encima de la hojarasca, nuestra piel de canelo con aroma dulce y gotas de rocío adheridas a sus colinas y despeñaderos. El influjo de tus sílabas y su música, el eclipse de mis ojos ausentes... ¡Otoño de seres en adición magnánima!

Vayamos a caminar sobre los
cirros, donde ciertamente nos falta el aire y nos sobra vida. Llamemos a la Morada Edénica y huyamos de lo ordinario. Y tú, Flor de Luz, eres deshielo y al tiempo una ventisca de implacable proporción. Me uno a ti, Sagital Resplandor, venerando la perfección de tus aparentes imperfecciones. Afuera la fría noche aguarda; aquí, dentro del Ser, Luminaria y Áptera Angélica, transcurren las temporadas todas mientras la lluvia nos acarrea en sus océanos de amor.

A ti, por cada segundo en que sé que soy tuyo